
“Lo tengo todo, pero no soy feliz”: la crisis silenciosa de muchos líderes exitosos
¿Te ha pasado sentir que lo tienes todo, pero algo dentro no encaja?
“Lo tengo todo, y no soy feliz” es una de las frases más comunes que escucho en sesiones de coaching con altos directivos. Y no me sorprende: detrás del éxito, a menudo se esconde una sensación de vacío difícil de compartir.
Los síntomas suelen ser sutiles, pero persistentes: ya no logran hacer crecer su cartera de clientes como antes, sienten dificultad al hablar en público, experimentan una baja en su rendimiento o simplemente han perdido la motivación.
Estos indicios son solo eso: síntomas. Pequeños desajustes que despiertan la inquietud de hablar con alguien. En este caso, conmigo, como coach y counselor.
¿Quiénes viven esta experiencia con mayor frecuencia?
Principalmente hombres entre los 45 y 60 años que ya han alcanzado los roles que soñaban: CEOs, directores generales, country managers. Han llegado a la cima, pero ahora se preguntan: ¿y qué sigue?
Lo que sucede es que las motivaciones que los impulsaron hasta donde están ya no son las mismas que los sostendrán en los próximos 20 o 30 años. Las metas tangibles dan paso a necesidades más profundas: bienestar, juego, relaciones de calidad, disfrutar lo que han construido… sin dejar de rendir.
Cuando el éxito externo ya no basta: el momento del ALT
Este momento de crisis es, en realidad, una pausa necesaria. Un ALT que nos lleva a cuestionar, a buscar integrar rendimiento y satisfacción. No se trata de elegir entre una cosa u otra, sino de combinar ambas.
La parte del rendimiento ya está. Ahora toca entrenar un nuevo músculo: volver a uno mismo. Aquí algunas prácticas que recomiendo:
- Bloquea tiempo para ti en la agenda. Un cliente mío tiene dos horas al día para sí mismo. ¡Y pobre del que se las toque!
- Delegar de verdad. Confiar en otros, dar espacio, pensar en el crecimiento del equipo. Es una forma de liderar más humana y sostenible.
- Divertirse más. Cambiar el formato de reuniones, fomentar la creatividad, empezar con un “¿cómo estás?” sincero.
- Recuperar amistades y espacios personales. Agenda ese encuentro con quien te hace reír como antes. Prioriza lo que te nutre.
- Reconectar con tu esencia. ¿Qué música escuchabas? ¿Qué te gustaba hacer antes de convertirte en este personaje profesional?
Son estas pequeñas cosas las que pueden devolver la motivación. Y, con ella, tu mejor rendimiento. ¡Te lo firmo si quieres!
Volver a lo simple: un camino hacia tu mejor versión
A veces, después de la primera sesión, propongo como tarea algo tan sencillo como ir a caminar por esa montaña donde ibas de pequeño.
Y más de uno me dice, incrédulo:
“Nancy, ¿me buscas para ayudarme a aumentar mi cartera de clientes y me pides que me vaya a caminar a la montaña?”
Pues sí… justamente eso. Confía. Luego me lo contarás.
¿Y tú? ¿Cuándo fue la última vez que volviste a ti?
Si esta sensación te resulta familiar, quizás es momento de dar un primer paso. A veces, lo que necesitas no está en un nuevo KPI… sino en una conversación sincera o una caminata con sentido.
¿Te animas a recuperar esos pedacitos de ti que has ido dejando por el camino? ¡Funciona!
¿Quieres hablarlo? Escríbeme y agendamos una conversación sin compromiso. A veces, todo comienza con un “¿cómo estás?” verdadero.